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Año Santo de la Misericordia

En este año jubilar, el pensamiento se dirige ahora a la Madre de la Misericordia. La dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo,  para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios.

La Madre del Crucificado Resucitado entró en el santuario de la misericordia divina porque participó íntimamente en el misterio de su amor.

 

Al pie de la cruz, María junto con Juan, el discípulo del amor, es testigo de las palabras de perdón que salen de la boca de Jesús. El perdón supremo ofrecido a quien lo ha crucificado nos muestra hasta donde puede llegar la misericordia de Dios. María atestigua que la misericordia del Hijo de Dios, no conoce lífnites y alcanza a todos sin excluir a ninguno. Dirijamos a ella la antigua y siempre nueva oración del Salve Regina, para que nunca se canse de volver a nosotros sus ojos misericordiosos y nos haga contemplar el rostro de la misericordia, su Hijo Jesús.

Virgen del Brezo, Madre de la Misericordia, RUEGA POR NOSOTROS.